Sobre el viernes en sábado

Ayer fue Viernes Santo, feriado. Empecé el día aseando mi dormitorio. Sacudí y barrí. No hay mucho más que hacer porque en mi habitación tengo: Un colchón en el suelo con un par de sábanas y un par de frazadas (que al levantarme utilizo como cortinas para las ventanas), un armario donde guardo mi ropa, y una pequeña biblioteca donde tengo algunas chucherías y unos pocos libros.

No esperaba que mi estadía en Constitución se alargase tanto, pero tampoco tenía una idea clara respecto de qué hacer cuando volví a hacerme cargo de mi departamento. Así que acá me fui quedando. A pesar de no haber tenido un trabajo estable durante estos últimos cuatro meses y medio, gracias al apoyo de amigos y vecinos he podido "ir tirando", como se dice, salvando el día sin tener ninguna seguridad con respecto al futuro. Pero hay un par de hábitos que he sabido mantener a lo largo de estos meses, y esos son que leo y escribo diariamente. No son aficiones populares por acá, donde la vida exige una actitud más práctica y menos contemplativa. Sin embargo mis viejos amigos saben como soy, y me valoran y respetan a pesar de mis excentricidades. E incluso me apoyan... hasta cierto punto. Porque leer y escribir no pone el necesario pan en nuestras mesas. 

A mí el pan no me importa tanto. Desde siempre he sido una persona fuera de la norma, introvertido, solitario y de pocas palabras, guiado por filosofías y principios ascéticos tan inexplicables como incomprensibles para quienes no son lectores ni escritores, y que para algunas personas me convierten en un tipo lisa y llanamente flojo y que pretende vivir a costa de los demás sin hacer nada. Pero, por esa misma filosofía o sabiduría rara, yo creo que todos y cada uno vivimos a costa de los demás, y los demás a costa de cada uno. De eso se trata justamente la vida, de que cada quien aporte, a su propia manera, pero que no deje de aportar.

En la filosofía del budismo Zen, que intenté practicar durante un breve período de tiempo en mi juventud, a este aporte o trabajo se le conoce como "Samu", y es parte de los hábitos de todos los integrantes de una comunidad Zen. Todos los días hay que hacer limpieza, ordenar, preparar los alimentos, cortar leña para el fuego, hacer sombra en el verano, construir, reparar averías y desperfectos, etc. Hacer Samu para mejorar en algún aspecto tanto el bienestar propio como el de la comunidad. Esa idea me ha acompañado desde entonces y siempre procuro, con ese sentido en mente, aportar en algo... aunque confieso que a veces, como buen ser humano que soy, me dejo dominar por el placer culpable de la pura y simple flojera.

En fin. Pasando a otros temas, por acompañar a un amigo a buscar un paquete de mercadería ayer me gané la botella de aceite que me hacía tanta falta. Luego le di una mano con el almuerzo y después de comer cantamos un rato y partimos a visitar a unas amistades mutuas. Más tarde fui a tomar once donde un primo y su familia, y acabé el día en mi pieza, tirado sobre mi cama ojeando perezosamente un par de cómics de Sandman que encontré en la caja de libros. En vez de escribir.
Así que, para no perder la costumbre, hoy escribí sobre el viernes en sábado.

El almuerzo de ayer

En el atardecer de Constitución

"Sandman"
Publicado por la editorial chilena Unlimited

Comentarios

Entradas populares de este blog

Stephen King - "La Expedición" 🎃

Hora Cero